La política exterior de Alberto y la renegociación de la deuda: ¿hacia una autonomía heterodoxa?

La teoría de la autonomía heterodoxa

Juan Carlos Puig fue un teórico de las relaciones internacionales y canciller del gobierno del Dr. Cámpora. Desde la década del ´60 comenzó a desarrollar los primeros esbozos de una nueva teoría que lo llevó en definitiva en la década del `70 a realizar una actualización de la Tercera Posición, que fue la doctrina diseñada y aplicada por Juan Perón durante su presidencia entre 1946 y 1955.

El diagnóstico que realizó el profesor Puig fue que había una tendencia creciente al equilibrio de poder en el sistema internacional por el desarrollo de la multipolaridad, acompañado este proceso de transformaciones sociales, económicas y políticas en curso en América Latina. Para Puig, la dependencia de Argentina se había profundizado desde la caída del gobierno del Gral. Perón en 1955 y era necesario reformular la doctrina de la Tercera Posición hacia una teoría sustentada en el pensamiento sobre la “Autonomía”.

El objetivo fue modificar la forma dependiente de inserción internacional de la Argentina para transcurrir por distintas etapas hasta alcanzar la autonomía, que fue definida por Puig como: “La máxima capacidad de decisión propia que se puede tener, teniendo en cuenta los condicionamientos objetivos del mundo real”.

 En relación a las posibilidades de acceder a mayores niveles de autonomía, Puig señaló que:

“En el orden bipolar, existían posibilidades autonómicas para los miembros de un bloque, que no eran advertidas por las elites dirigentes, por conveniencia o por ceguera y que, aún en un marco de asimetría sistémica, se podían llevar a cabo políticas o estrategias autonomizantes, manteniendo la lealtad estratégica con Occidente en cuestiones vitales” (Bernal-Meza, 2005, p. 214).

Para el autor, la capacidad de autonomización implicaba un transito por distintos estadios. Cada uno de estos fue la teorización de un determinado período histórico de Argentina o América Latina. De esta manera señala cuatro etapas fundamentales del tránsito de la dependencia a la autonomía:

  1. DEPENDENCIA PARA-COLONIAL: “el Estado posee formalmente un gobierno soberano (o sea, órganos nacionales de decisión) y no es una colonia, pero en realidad los grupos que detentan el poder efectivo en la sociedad nacional no constituyen otra cosa que un apéndice del aparato gubernativo o de la estructura del poder real de otro Estado (la metrópoli, la potencia dominante, o el centro imperial)”. (AL y África en el Siglo XIX).
  2. DEPENDENCIA NACIONAL: “los grupos que detentan el poder real, racionalizan la dependencia y, por lo tanto, se fijan fines propios que pueden llegar a conformar un “proyecto nacional” compartido globalmente en sus rasgos esenciales. La dependencia es aceptada, pero sometida a la aspiración de sacar el máximo provecho de ella”. (Generación del 80).
  3. AUTONOMÍA HETERODOXA: “La elite del Estado acepta la conducción estratégica de la potencia dominante, pero discrepa en por lo menos tres cuestiones importantes: 1) En el modelo de desarrollo interno que puede no coincidir con las expectativas de la metrópoli; 2) en las vinculaciones internacionales que no sean globalmente estratégicas y 3) en el deslinde entre el interés nacional de la potencia dominante y el interés estratégico del bloque” (Gob. Perón 1946-55; 1973-76).
  4. AUTONOMÍA SECESIONISTA: “La secesión significa el desafío global. El país periférico corta el cordón umbilical que lo unía a la metrópoli: sus repartidores supremos deciden sin tener en cuenta, espontánea u obligatoriamente, los intereses estratégicos globales de la potencia dominante como conductora del bloque del cual se retira”. El autor señala que no necesariamente es conveniente transitar este último estadio (Bernal-Meza, 2005, p.215).

 

El escenario internacional actual: hacia la construcción de un nuevo orden

Alberto Fernández está aprovechando el margen de autonomía política que ofrece el actual escenario internacional a los efectos de sacar la mayor cantidad de ventajas para reestructurar la deuda pública argentina. Esa posibilidad surge del reparto del poder mundial entre varias potencias, a diferencia de lo que ocurrió en la década del ´90, para poner un contrapunto, cuando recién caía la URSS y EEUU emergía como potencia hegemónica indiscutida.

Lo que se está resquebrajando es el orden mundial instaurado luego de la caída de la URSS, el de la triada EEUU-Europa-Japón bajo la conducción indiscutida de los estadounidenses, el de la OTAN, el de la OMC. La crisis del 2008 y su emergencia política, Trump y los nacionalismos proteccionistas, plantean un nuevo orden mundial que está en construcción.

Es cierto que EEUU sigue siendo la primera economía mundial y posee las Fuerzas Armadas mas poderosas, por lejos, del planeta; pero surgen otros actores internacionales que discuten el poder que antaño poseía la potencia del norte.

China crece en influencia internacional y propone proyectos de integración euro-asiática, el desarrollo de mecanismos de financiamiento paralelos a los tradicionales (Banco Mundial, FMI, etc.), la Nueva Ruta de la Seda para crear el mercado integrado mas grande del mundo y tiene un enorme desarrollo de sus FFAA. Por supuesto, esto tiene su correlato en el crecimiento de las inversiones de este país en América Latina y su consiguiente aumento de influencia política en la región que pone nerviosos a los estadounidenses.

La Federación Rusa, bajo el clarísimo liderazgo de Putin, vuelve a tener un papel protagónico en la política internacional al desafiar de forma abierta a EEUU sosteniendo militarmente a gobiernos contrarios a los intereses norteamericanos, tales como el de Siria o Venezuela.

También el proyecto europeo se propone como un poder mundial pero se encuentra tambaleante y en tensión permanente. La existencia de Estados de primera y otros de segunda o tercera y la creciente desigualdad social que existe, ha generado reacciones por izquierda y por derecha que amenazan con dar por terminado este plan. El Brexit es una manifestación de esto.

El Estados Unidos de Donald Trump muerde una porción del viejo continente incorporando como aliado a Boris Johnson, un nacionalista inglés de cuño conservador, que arrasó en las últimas elecciones. Si le va bien, le puede dar oxígeno a otros nacionalismos de derecha que han surgido en los últimos tiempos: Vox en España, Marine Le Pen en Francia, Matteo Salvini en Italia, entre otros. Para Macron, Merkel y Pedro Sanchez, esta es la principal amenaza.

Es decir, que el poder, como siempre, está en disputa pero se puede observar que está mas repartido que hace 20 años atrás. Esto aumenta las posibilidades de tener una política exterior soberana por parte de los Estados latinoamericanos, siempre y cuando existan gobiernos con voluntad de aprovechar los nuevos márgenes de autonomía que presenta este escenario internacional para ejecutar un proyecto nacional en beneficio de las mayorías postergadas.

La visita a Israel y la gira europea

Alberto se reúne con Macron, Merkel y Pedro Sanchez aprovechando las contradicciones que hoy mantienen con Donald Trump, para conseguir apoyos en torno a la renegociación de la deuda. Y lo consiguió. Finalmente, Donald Trump también manifestó su apoyo al presidente argentino pero luego de que todos los anteriormente mencionados le dieran el visto bueno a Alberto.

Su visita a Israel da una señal de que el país bajo su liderazgo se reconoce como parte del “bloque occidental” y no se encuentra alineado con China, Rusia e Irán al estilo venezolano. Pero la gira europea muestra que está aprovechando las contradicciones al interior de ese bloque para lograr niveles de autonomía que hoy se expresan en poder sortear con éxito el problema enorme de la deuda pública.

Ni Estados Unidos ni la Unión Europea están interesados en que la Argentina caiga en un descontrol social que sea caldo de cultivo para una desconexión de este bloque o que caiga en los brazos de China buscando apoyo para salir adelante y esto se traduce en cierta benevolencia obligatoria para con nuestro país.

La visita al Papa Francisco y el apoyo manifiesto de este merecen un capítulo aparte. Su ingreso fuera de programa al seminario que estaban dictando Guzman, Stiglitz y Kristalina Giorgieva fue una maniobra clarísima a favor su patria. No estaba pactada la presencia del Papa, quien ingresó sorpresivamente para manifestar que se implementen “modalidades de reducción, dilación o extinción de la deuda” ya que “no se puede pretender que las deudas contraídas sean pagadas con sacrificios insoportables”. Toda la prédica de Francisco genera un sentido común que favorece a los países atrasados y, en este caso particular, a la Argentina.

El Papa, además de ser un líder religioso, es un poder político y moral que el presidente está aprovechando a su favor. Francisco es también una manifestación de este mundo multipolar y con poderes contradictorios entre si.

La autonomía como política exterior: límites y desafíos

En definitiva, podemos arriesgar una conclusión: la política exterior de Alberto Fernández busca una autonomía heterodoxa pero no secesionista, es decir, aprovechar al máximo los márgenes de autonomía que le ofrece el actual sistema internacional teniendo en cuenta los condicionamientos objetivos que existen y sin romper con la potencia hegemónica que en este caso es EEUU.

Estos límites a la autonomía hoy pasan por dos cuestiones fundamentales: la enorme deuda pública (principalmente la externa en dólares) heredada del gobierno de Macri y por la inexistencia de un contexto latinoamericano que permita plantearse una posición rupturista o mas confrontativa con EEUU para refugiarse en una política de integración. Como muestra de esto está el ejemplo de Brasil y Uruguay, que ya han manifestado sus intenciones de abrir el Mercosur a otros mercados, en otras palabras, de no estar atados a una política que priorice el comercio entre los países que lo componen.

Volviendo a Puig, el autor señalaba que para que su teoría fuera viable era necesario contar con algunos elementos sustanciales:

  • Elites nacionales decididas a la implementación de estrategias autonomistas, lo cual implicaba, reconocer la condición de dependiente y la voluntad política de construir una alianza en contra de su dominante.
  • La integración latinoamericana o regional, con objetivos autonómicos, apoyados en modelos de desarrollo congruentes.

Si seguimos al autor, entonces Alberto enfrenta dos grandes desafíos: sostener “la alianza en contra de su dominante” que sería el Frente de Todos y trazar lazos de integración regional a pesar de las diferencias ideológicas que tiene con sus vecinos. Tarea nada fácil pero necesaria.